El buffet libre, ese símbolo de abundancia sin freno, estuvo a punto de convertirse en un recuerdo incómodo tras la pandemia. Se le dio por amortizado. Y, sin embargo, vuelve a asomar con fuerza en Estados Unidos, aunque ya no con la misma cara: menos barra interminable y más concepto, más control, más puesta en escena.
En el último año, el interés del público se ha disparado. Según datos de Yelp, las búsquedas de “all you can eat buffet near me” crecieron un 252%, una cifra que retrata algo más que nostalgia: hambre de formatos que permitan comer mucho, sí, pero también vivir algo distinto mientras se come.
Conviene recordar que “buffet” no nació como sinónimo de barra libre. El término, de raíces francesas, aludía en origen a un aparador donde se mostraban alimentos, una idea que fue mutando con los siglos hasta convertirse en un estilo de servicio que hoy se reconoce en medio planeta.
Del autoservicio al “show”
Durante décadas, el buffet libre se instaló como un clásico estadounidense. Especialmente en los años setenta y ochenta, cuando llegó a verse como una opción casi lujosa para grupos grandes, a la vez que resultaba práctica, previsible y, sobre todo, rentable. Se comía sin mirar demasiado, se repetía sin culpa y se daba por hecho que el sistema funcionaría siempre.
Pero el golpe de realidad llegó con el Covid-19. Un formato basado en autoservicio, bandejas compartidas y circulación constante de comensales se convirtió, de repente, en un problema sanitario. A partir de marzo de 2020, muchos buffets empezaron a cerrar, y algunos gigantes del ocio en Las Vegas, como el MGM Grand, suspendieron operaciones, según publicó el Daily Mail.
Queda por ver si aquella caída fue también una cura. Porque la resurrección del buffet que se está viendo ahora no es una vuelta al pasado, sino una versión más medida. En ciudades como Nueva York y Los Ángeles, el concepto ha sido reempaquetado para encajar con un público que ya no se conforma con “cantidad” y pide, además, calidad, seguridad y una experiencia que justifique el precio.
Y ahí aparece un cambio de fondo: la cocina asiática está empujando el renacimiento. Yelp detectó que las búsquedas vinculadas a gastronomía asiática subieron un 244%, mientras que el interés por los “sushi bars all you can eat” aumentó un 93%. No es solo una moda, es una pista: se está premiando el buffet que propone interacción, ritual y un punto comunitario.
Dos formatos han tirado especialmente del carro. El Korean BBQ y el hot pot ilimitados, cuyas búsquedas se dispararon un 591%, se han convertido en la imagen del “nuevo buffet”: mesas donde la comida se cocina, se comparte y se negocia entre conversaciones. Según el Daily Mail, el tirón de estos estilos apunta a una preferencia creciente por experiencias culinarias interactivas y colectivas.
El análisis de Yelp se centra en el periodo entre septiembre de 2024 y agosto de 2025, una ventana que permite ver el cambio con claridad. Mientras muchos daban por muerto el modelo, los usuarios lo estaban buscando otra vez, pero con otras expectativas.
Un ejemplo de ese giro hacia lo aspiracional lo ofrece The Peninsula New York. El hotel, de cinco estrellas y ubicado en la Quinta Avenida de Manhattan, lanzó en 2024 un brunch buffet dominical “elevado” con un precio desde USD 115. Más de 40 propuestas en carta, desde bagels y panes artesanales hasta versiones más cuidadas de clásicos estadounidenses: huevos, frittatas, waffles hechos al momento y parfaits de yogur. Se mantiene la idea de abundancia, aunque el relato es otro: ingredientes, presentación y sensación de destino gastronómico.
Pero la transformación no se limita al lujo. También en establecimientos con historia, lejos del brillo de Manhattan, se está viendo ese regreso con ajustes prácticos. Mike Darby, propietario del histórico Hotel Irma de Buffalo Bill, explicó que el Prime Rib Buffet, a USD 35,99, ha recuperado su sitio como favorito de las familias. En 2025 calcula que entre 12.000 y 13.000 comensales pasaron por su buffet de cena, con platos que siguen siendo apuestas seguras: prime rib, camarones con coco y salmón al horno.
Pero incluso ahí se nota la era pospandémica. Para adaptarse, Darby invirtió en nuevas protecciones contra estornudos, una medida que busca devolver confianza al cliente y que, de paso, marca la distancia con el buffet de antes, el de la bandeja expuesta sin demasiadas preguntas.
Pero lo que está ocurriendo no es solo una reapertura de persianas. Es una relectura del formato. El buffet vuelve cuando logra dejar de parecer un trámite y empieza a funcionar como una experiencia. Y en Estados Unidos, donde la comida es cultura y también espectáculo, esa diferencia pesa más de lo que muchos pensaban.
Las comiditas de mami Disfruta cocinando, disfruta comiendo.